La convocatoria del quinteto finés finalmente pegó el gran salto en nuestro país, y en su tercera visita se presentaron ante más de 5000 personas. Esto significó que al menos la mitad de los presentes se encontraban por primera vez cara a cara con Tarja Turunen y compañía, y así tuvimos las mismas expresiones de satisfacción y comentarios que en los shows de 2000 y 2002, con el plus de clima multitudinario que elevó el espectáculo a otro nivel. Aunque el mismo marco no benefició la propuesta de los grupos teloneros, ya que a las habituales restricciones en la consola y la falta de prueba de sonido, se sumó el hecho de que casi todos utilizaban una considerable cantidad de instrumentos y voces, que merecían un cuidado más delicado. Y si bien hubo buena predisposición por parte del público, no faltaron las fricciones entre un lado y otro del escenario.
Los rosarinos Lord Divine, simpatizantes de Symphony X y el power metal progresivo, recibieron los primeros aplausos, aunque el cover de Michael Jackson, Beat It, al parecer provocó el malestar de un pequeño grupo. El cantante Esteban Merdeni no disimuló su enojo, quien seguro no esperaba tal inmadura reacción. Dominus Inferi cuentan con una cantante femenina, de enérgica voz y formación lírica, uno masculino en un tono metálico, y cuatro integrantes en el coro, dos de cada sexo, además que para esta presentación se sumó el vocalista de In Eternum con sus gritos guturales, lo que resultó en un complejo juego de voces en la que algunos quedaron perdidos en la mezcla. Influenciados por actos de arreglos orquestales como Therion, optaron por un cover más tradicional, A Touch Of Evil, de Judas Priest. Recomiendo a los curiosos acercarse a ellos en un local más intimo para terminar de apreciar la ambiciosa propuesta de Dominus Inferi. Luciana y Mariela, las primas que lideran Kapel Maister, se ganaron unos cuantos piropos con su sensual vestuario, mientras intercambiaban sus entonaciones de soprano (con una leve diferencia en el tono de cada una), y por su parte el guitarrista Gonzalo Solgarian se lució son sus intervenciones neoclásicas. En esta ocasión los noté más sólidos en su performance, si bien las chicas aún pueden ofrecer mayor despliegue de movimientos y comunicación con el público. Carnarium cerró la grilla local, con un sonido bajo para la guitarra en la primera mitad del set, y nuevamente la mala educación se hizo presente, incluso algunos objetos cayeron en el palco. A las canciones de su álbum debut, Constelaciones de Réquiems, en el estilo de black metal gótico (tal vez el detalle que llevó a algunos a considerarlos no aptos para esa jornada), le agregaron un cover de Manowar, Thor, con la presencia del guitarrista Pablo Soler y el cantante Diego Valdéz (ex Azeroth y actual Eidyllion), para una despedida que terminó de enganchar a buena parte del público, justo cuando el cantante despotricaba contra los más agresivos.
Aún con el calor de esa tarde, los fans llenaron Obras desde temprano, y se percibía que Nightwish ya tenía garantizada la más entusiasta bienvenida con solo salir a escena. Así sucedió una vez Dark Chest Of Wonders emergió tras la introducción. Tarja se ganó las primeras ovaciones, las que por supuesto justificó con su ya sólida y elegante presencia en el escenario, donde domina como pocas. El material del álbum a presentar, Once, la encontró utilizando una gran variedad vocal, y aunque tuvo que luchar al comienzo contra el sonido (tras el tercer tema, Deep Silent Complete, se hicieron algunos ajustes) supo como mantener el balance entre lo suave y el rango operístico. Los abundantes coros y orquestaciones de este último disco significaban un desafío para el “en vivo”, lo cual fue resuelto con los infaltables samples, que en este caso no desentonaron con lo tocado sobre el escenario. Aunque debo confesar que me concentré en comprobar cuánto utiliza Tuomas Holopainen los sonidos pregrabados. Es vago el muchacho con su teclado, sólo el hecho de ser el principal compositor lo podría redimir. Por otro lado, el bajista Marco Hietala trabaja el doble, y a esta altura se transformó en una parte importante de la banda, debido a su comunicación con el público y su destacada tarea vocal, imprescindible en canciones como Planet Hell y Slaying The Dreamer. Pero es “Mrs. Turunen” (como la llamaba Marco) quien gana inevitablemente en cuanto a carisma, aumentado con su uso del castellano para saludar, pocas frases, pero bien pronunciadas.
La inclusión de Phantom Of The Opera, el tema principal del musical de Andrew Lloyd Webber, resultó una agradable sorpresa. Y si bien ya teníamos el dato de su posible aparición, no dejamos de disfrutar Symphony Of Destruction, de Megadeth, cantada por el bajista cuando Tarja fue a tomar su habitual descanso. El estribillo es un clásico de estas pampas, todos gritaban “aguante Megadeth” como si estuvieran ante la mismísima banda de Dave Mustaine, sin prestar atención a los pifies en el solo de Emppu Vuorinen. Tras este intenso momento, vino un segmento imperdible con tres temas de Wishmaster: The Kinslayer, Wishmaster y Dead Boy´s Poem. El cierre oficial estuvo a cargo de un nuevo “hit” de Nightwish, que seguro perdurará por un buen tiempo, Nemo, dedicado al fan club local del grupo, The Passion And The Opera. Aunque siempre están los bises: la orquestal Ghost Love Score, y el tercer cover del set, Over The Hills And Far Away, ya a esta altura adoptado con cariño por los músicos.
Otra pausa, y ahora sí el final, con Tuomas y Tarja luciendo la camiseta de la selección nacional. El gesto es harto conocido, por lo que la cantante se apresuró a aclarar que “esto no lo hago en todos los países”. Wish I Had An Angel es otra canción que bien merece sobrevivir en futuras giras, y su estribillo pegadizo quedó retumbando durante un buen rato en las paredes del estadio y las cabezas de los asistentes. Cuando pocas bandas internacionales pueden llenar (me refiero a “reventar”) Obras como en los viejos tiempos pre-devaluación, Nightwish resultó ser la sorpresa del año en el ámbito metálico, y se aseguraron miles de nuevos fans con su impecable presentación. Toda banda desearía tener ese “ángel”.